Muchas personas pueden llegar a tener autoridad, pero muy pocas la ejercen con un poder sano. Cuesta creer que alguien tenga autoridad y no tenga poder pero es una realidad. La autoridad y poder son dos atributos que solamente Dios nos puede dar, si vivimos una vida recta, correcta, y apegada a sus normas, a sus leyes, a su voluntad.
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