Servir a Dios es un privilegio no una obligación. Dios quiere que le sirvamos con amor, con iniciativa propia, no obligados o de mala gana. El desea siervos alegres, con ideas, con entusiasmo, con deseos de ayudar a otros, conscientes de que en otro tiempo quienes necesitamos ayuda fuimos nosotros y la recibimos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario