En el desierto somos guardados del orgullo, de la vanidad, del egoísmo. Pasar el desierto no es agradable, pero nos hace pensar y entender que dependemos de Dios y no de nuestras propias fuerzas. Allì, en el desierto, solamente tendremos agua y comida si Dios està con nosotros de lo contrario moriremos. Por eso son buenos los desiertos en nuestras vidas.
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