Nos enseña Pablo que la lucha que tenemos los creyentes aquí en la tierra, no es contra simples seres humanos sino es contra potestades de las tinieblas, contra espíritus malignos. Y que, por lo tanto, nuestra lucha debe de ser reforzada por un Espíritu superior, es decir el Espíritu de Dios. Solo con nuestras fuerzas no podremos vencer nunca.
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