Siempre que prediquemos el evangelio nuestra gran preocupación debe de ser agradar a Dios antes que a los hombres. El evangelio debe de ser predicado puro, sin mancha, sin intereses de ninguna clase. El evangelio debe de tener como fruto salvar almas no obtener ganancias materiales, al menos eso enseñan los evangelios de Jesucristo y las epístolas de los apóstoles.
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