Pablo le explica a Timoteo que para poder dedicarse al evangelio, a su estudio, a su enseñanza, a trabajar en èl, Dios es quien tiene que considerarlo "digno de confianza" primero. Si Dios no nos considera dignos de confianza entonces lo que vamos a predicar es el evangelio del hombre, no el de Dios. Pues los secretos que encontremos en la escritura no estarán de acuerdo a los propósitos eternos de Dios.
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