La juventud es algo precioso en la vida del hombre, pero tiene el problema de que si no tenemos cuidado podemos caer en desòrdenes que no agradan a Dios. Los grandes criminales no se formaron de grandes sino cuando eran niños o adolescentes, pero también los grandes hombres de Dios. Pidamos a Dios que nuestros padres, nuestros familiares, nuestros maestros, y toda persona que se nos acerque nos guìe en los caminos que agradan a Dios.
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