Nos dice Pedro en su primera epístola que Dios pagò un precio muy especial por nosotros los creyentes. Y menciona que no fue ni oro ni plata, que son los dos metales màs valiosos conocidos por el hombre. Dice que pagò un precio de sangre, la sangre de su precioso y único Hijo. Por ello, lo menos que podemos hacer es cuidar, apreciar, y tratar de fortalecer cada dìa esa salvación. No la merecíamos y no hicimos nada para que èl decidiera bendecirnos, pero lo hizo.
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