Salomòn nos enseña en Eclesiastés capìtulo 11 y verso 8, que la mayoría de los años del hombre en general son duros, pero que Dios en su inmensa misericordia hace que los pocos años buenos superen en mucho a los malos. Que nuestras pocas alegrìas y satisfacciones sean mayores que los sin sabores que la vida nos da.
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