Nos dice el apóstol Pedro en su segunda epístola que, el fruto de los malos y falsos maestros y profetas se mira inmediatamente, pues traen destrucción repentina; hacen que la gente que no conoce el evangelio se burle de èl; y sobre todo, que su ministerio es basado en el dinero. Cuando Dios nos enseña que no debemos amar el dinero.
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