Jesús, el hombre, no se convirtió en el Cristo, el Hijo de Dios sòlo por un capricho de la naturaleza o de alguien màs. Se convirtió en el Hijo de Dios porque lo COMPLACIO en extremo. Toda su vida tratò y logró agradar al Padre por medio de la OBEDIENCIA. Y esa obediencia fue la que lo llevò en su hora màs dura a exclamar: ¡Padre, no se haga mi voluntad sino la tuya!.
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