Pablo nos aconseja a los creyentes que no apaguemos o contristemos el Espíritu Santo que mora en nosotros, y eso nos muestra dos lecciones. Uno, que el Espíritu Santo es una persona porque solamente a las personas se les puede contristar. Y, segundo, que lo contristamos si no vivimos una vida piadosa como es digno de personas que ya tienen el conocimiento de la piedad de Dios.
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