Dios desea que de lo que èl nos da, extendamos nuestra mano y le compartamos a los necesitados. El incita a que no nos olvidemos de la viuda, del huérfano, del extranjero que tienen necesidad. No seamos egoístas con lo que Dios nos da. No seamos olvidadizos de los desposeídos. No seamos ciegos con la pena ajena, hoy son ellos los necesitados pero mañana podemos ser nosotros o alguno de los nuestros, y nuestro deseo va a ser que alguien extienda su mano a nosotros para hacernos bien.
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