A Dios le agrada, y muchísimo, que sus hijos sean hombres y mujeres de palabra. Esto significa que sean personas que hablan la verdad; que su sì es sì, y que su no es no. Que sean personas que cuando ofrecen algo lo cumplen; personas honestas, disciplinadas, ordenadas. Personas que no pasen vergüenzas y que no las provoquen.
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