Dice Salomòn en Eclesiastés que cuidemos la boca y la lengua, pues si decimos algo que ofenda a Dios podemos traer su enojo sobre nosotros. La boca y la lengua nos debieran de servir para agradar a Dios, para bendecir a Dios, para adorar a Dios. Eso sì que le agrada sobremanera.
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