Ningún castigo que el hombre le propine al hombre, será tan severo o duro como el que Dios le darà a quienes le hagan daño a sus hijos. Por ello, es que la escritura nos insta en cada momento que si alguien nos hace algo o nos quita algo, procuremos no tomar venganza por nuestras propias manos pues Dios se encargarà de hacer esa venganza o justicia.
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