Una de las formas que tenemos los creyentes de honrar a Dios, es dando de lo mucho que recibimos a otros. Ayudar a la viuda, al huérfano, al anciano de la calle, a los necesitados y enfermos, y honrar a nuestros hermanos en la congregación que estèn pasando penas momentáneas agrada a Dios. Nadie es tan pobre que no pueda dar algo, y nadie es tan rico que no necesite algo. Extendamos nuestra manos a otros.
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