Dice Dios que con èl están la verdadera riqueza y la verdadera prosperidad, pues lo que èl nos provee no es algo que el moho, la polilla o los ladrones puedan destruir o llevarse. Las riquezas que Dios nos da todos los días las llevaremos por siempre en el corazón, y las disfrutaremos con nuestros seres queridos. Esto es paz, gozo y contentamiento de todo lo que nos sucede agradable o desagradable.
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