Nos dice la palabra que a Dios no le agradan las manos ociosas, y, por lo tanto no las bendice. Dios desea que tengamos planes, que tengamos sueños, pero también desea que les pongamos pies. Esto es que les dediquemos tiempo, esfuerzo, amor, etc. De lo contrario nunca llegaremos a verlos realizados. El quiere, èl puede, y èl desea bendecirnos pero tenemos que hacer lo nuestro.
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