jueves, 30 de octubre de 2014

El enojo.

Pablo nos exhorta a que no permitamos que el enojo nos dure hasta la hora de acostarnos. Pablo nos habla de que como seres débiles que somos, en algún momento hemos de estar enojados por algo o con alguien, pero, nos anima a que lo olvidemos para que no se convierta en ira, pues la ira no sòlo puede llegar a causar la muerte física sino definitivamente causa la muerte espiritual.

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