Dios ha prometido la corona a quienes mantengan la fe, el amor por su venida, ese deseo de conocerle personalmente. Pero si no nos acercamos a èl en lo espiritual todos los días nunca lo vamos a conocer, y, cuando venga en persona tampoco lo reconoceremos. Pues es el trato diario el que nos hace conocer a las personas.
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