Dios, como padre nuestro que es, quiere darnos de todo. Pero, lo que sucede es que nosotros pedimos para satisfacer nuestras necesidades no para satisfacer las necesidades de los otros. Y, eso, es una gran diferencia. Cuando ya tenemos nuestras necesidades cubiertas, que son nuestras obligaciones y prioridades, entonces podemos compartir con otros.
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