Nos enseña Santiago que la mejor manera de llegar a ser amigos de Dios, es creerle todo lo que nos dice y promete, y además, compartir de lo mucho que èl nos ha dado con los que no tienen. Eso es demostrar que tenemos fe, y eso también, nos hará justos delante de sus ojos. Nosotros los creyentes no hacemos buenas obras para salvarnos, las hacemos porque es una forma de agradecer que ya somos salvos.
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