Santiago nos hace otra reflexión, pues nos dice que no debemos jactarnos por ser salvos, pues no dependió de nosotros sino de Dios. Fue èl, quien de propia voluntad, por su omnipotencia, decidió desde antes de la fundación del mundo, elegirnos para ser parte de la familia de Dios, para que pudiéramos llamarnos hijos de Dios. Así que, debemos cuidar y apreciar esa salvación pues el costo fue muy alto... la sangre del Cordero.
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