El apóstol Pedro nos vuelve a recordar en el capìtulo cuatro de su primera epístola, que todos los vivos y todos los muertos tarde o temprano entregaremos cuentas a Dios de lo que hacemos. Esto es lo que se conoce como el juicio a la persona y a las personas. Hay un juicio personal para cada quien cuando muere y habrá un juicio final cuando el período de la humanidad se acabe. Eso es lo que nos narra también Juan en Apocalipsis.
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